Alas
de resistencia, corazón de fuego.
Sociedad Civil las abejas: indígenas del sureste
mexicano en resistencia pacífica
Cuando está la llama grande, el fuego habla.
Cuando está la llama grande, el fuego habla, y allí uno
sabe.
El fuego no dice mentiras, siempre cumple con lo que anuncia.
En una noche de finales de julio, la madre luna, acompañada por
miles de estrellas, ha decidido enmudecer el cotidiano canto de la lluvia.
El sueño cubre lentamente a la comunidad, cerrando los ojos de
los niños, e incitando el descanso de los hombres (agotados ya
por el trabajo en la milpa). Las manos de las mujeres reposan de sus
laboras diarias: el bordado, secar el café, separar los frijoles,
cocinar, cuidar y amamantar a sus hijos.
Mientras se toma ese rico café que ahuyenta el frío, en
aquella casa de madera, que casi dormita en la comunidad de Xopey,
el cerro más alto, (Municipio de San Pedro de Chenaló,
Chiapas), la llama del fogón va creciendo y nos cuenta su historia.
Una larga historia, que rebasa la frontera entre pasado, presente y
futuro. Una historia vieja de siglos y en búsqueda de su futuro.
Una historia tzotzil, indígena, totalmente chiapaneca.
Para quienes ya no sabemos entender el lenguaje del sabio fuego, el
buen Lorenzo, de la comunidad de Xoeyep, nos sirve de intérprete,
guiándonos a conocer ritos y mitos viejos de siglos, a descubrir
cómo se vive, lucha y muere en las montañas del sureste
mexicano, pese a cualquier intento de olvido. Conoceremos así
la historia de hombres y mujeres que tienen alas de resistencia y corazón
de fuego.
Chiapas es el estado más al sur de México, en la frontera
con Guatemala: es un estado sumamente rico en recursos naturales y,
al mismo tiempo, de acuerdo con una amarga paradoja, el más pobre.
De los tres millones y medio de chiapanecos, la mitad no tiene agua
potable, y, dos tercios, no tienen drenaje; el 54% de la población
está desnutrida; el 90% de la población en el campo tiene
ingresos mínimos o nulos. Sin embargo, como dicho, Chiapas es
un Estado rico en términos de petróleo, café, madera,
miel y maíz. En realidad, si bien no oficialmente reconocida
por el contrario, abierta y duramente negada- la mayor riqueza
del país es el millón (300.000 tzetzales, 300.000 tzotziles,
220.000 choles, 90.000 zoques y 70.000 tojolabales) de indígenas
que habitan estas hermosas tierras.
Indígenas que, desde hace 500 años, están sumidos
en la desconsolante opción de elegir entre morir de miseria o
de represión. Hasta 1994 las vidas y muertes diarias de un millón
de personas han pasado culpable y cómodamente para las
conciencias de los demás- desapercibidas. El 1 de enero de 1994,
el levantamiento en armas del Ejército Zapatista de Liberación
Nacional (compuesto en su casi totalidad por indígenas), abrió
los ojos al mundo sobre este mágico y contradictorio pedazo de
tierra, y los once años de resistencia transcurridos entre
importantes logros e innegables obstáculos- han llevado a la
creación de atención y respaldo internacionales, con considerables,
si bien lejos de ser suficientes, mejoras en las condiciones de vida.
Cuando está la llama grande, el fuego habla.
Cuando está la llama grande, el fuego habla, y allí uno
sabe.
El fuego no dice mentiras, siempre cumple con lo que anuncia.
El fuego habla, y Lorenzo pacientemente escucha y nos traduce.
El fuego habla y nos cuenta que no todos los indígenas chiapanecos
quisieron armarse para luchar y resistir.
En 1992, 400 hombres y mujeres tzotziles, católicos, de diferentes
comunidades del Municipio de San Pedro de Chenaló, ante el arresto
ilegal por razones políticas de 5 compañeros, decidieron
organizarse para reivindicar sus derechos. Quisieron hacerlo sin armas
y decidieron llamarse las abejas (animales que están
fuertemente organizados y que atacan sólo cuando son amenazado),
como sociedad civil.
Las abejas, de 400, llegaron a ser hasta 1.600 durante cierto periodo,
y hoy en día, son 1.200. Las comunidades abejas están
regidas por una mesa directiva de 7 miembros, que varía cada
año. Cada comunidad abeja tiene su propio representante, un comité
de educación, algunos patronatos (de agua o luz, por ejemplo),
y los problemas más graves se solucionan con la ayuda del Consejo
de los Ancianos.
El vuelo de resistencia pacífica de las abejas no ha pasado desapercibido,
tanto que las autoridades mexicanas han tratado de detenerlo, sirviéndose
ampliamente de la represión armada de grupos paramilitares, cuya
acción más conocida y desdichadamente exitosa
fue la masacre de Acteal, del 22 de diciembre de 1997, en que perdieron
la vida 45 mujeres, niños y niñas, todas abejas, y de
la cual los autores intelectuales y algunos de los materiales todavía
quedan impunes.
La ola de temor que se desencadenó como consecuencia, llevó
al desplazamiento de alrededor de 9.000 personas en el área.
La comunidad de abejas de Xoyep, en ese entonces constituida por
12 familias, es decir alrededor de 92 personas, recibió a 1.190
desplazados abejas de comunidades aledañas (Los Chorros,
Puebla, Jax Gemel y Yib Eljoj).
Cuenta el fuego, y Lorenzo con él, que esto significó
muchas cosas. Significó encontrar comida para todos y todas (el
maíz, que a la comunidad normalmente le dura un año, se
acabó en una semana), campo para que todos y todas pudieran tener
un techo que los amparara de las fuertes y frías lluvias y, sobretodo,
leña para que el fuego siguiera ardiendo y hablando a todos y
todas.
Asimismo, el desplazamiento masivo significó numerosas amenazas
y la presencia de un cuartel del ejército en la entrada de la
comunidad de Xoyep desde el 1998 hasta el mes de julio de 2005.
Además, significó la llegada de numerosos representantes
de la sociedad civil de varias partes del mundo que llevaron ayuda y
un concreto apoyo a la comunidad de Xoyep. El vuelo de las abejas
se hizo conocer más allá de las montañas del sureste
mexicano y, en el 2001, su lucha les mereció un Premio como defensores
de derechos humanos, otorgado por el Primer Ministro de Francia.
A finales del 2001, los 1.190 desplazados retornaron a sus comunidades
de origen y, lentamente, en Xoyep, cayó el silencio. La
presencia internacional desapareció y la comunidad quedó
sola.
Finalmente, cuentan el fuego y Lorenzo, que ahora, en Xoyep, tienen
luz, una carretera y una escuela. Faltan el agua potable, servicios
higiénicos decentes, obras para que la construcción de
la escuela sea segura y digna, la milpa ha quedado empobrecida y ya
casi no queda leña para quemar, para que el fuego siga ardiendo.
Sin embargo, nos cuenta Lorenzo, mientras el fuego ilumina su rostro,
que no importa si esto pueda llegar a costarles la vida, pero la lucha
tiene que seguir. Las abejas mantienen sus alas de resistencia y su
corazón de fuego: la dignidad. Pasado, presente y futuro.
Cuando está la llama grande, el fuego habla.
Cuando está la llama grande, el fuego habla, y allí uno
sabe.
El fuego no dice mentiras, siempre cumple con lo que anuncia.
Y en esta noche del cerro más alto, anuncia que el vuelo sigue,
para garantizar a los hijos e hijas un futuro digno.
Para demostrar que las alas de resistencia y un corazón de fuego
pueden más que el olvido.
FOTOS: http://www.solucionbinaria.com/chiapas/