Inti, diez años de ayuda de Gondomar a Perú

Lo primero que asombra al que visita Perú es la sonrisa de los niños. A la mentalidad occidental le cuesta demasiado entender que unos chavales mal vestidos, muchos desnutridos y ninguno capaz de imaginar el significado de la palabra capricho conserven una sonrisa tan franca. Esa impresión fue también la primera que se llevó hace diez años un pequeño grupo de gallegos, vinculados al Club Xuventude de Gondomar, que viajó al país con la intención de conocer de primera mano sus luces y sus sombras.
Tras esta experiencia, no quisieron volver a cerrar los ojos y decidieron hacer algo. Así nació Inti –Sol en quechua– una ONG que trabaja desde entonces para el desarrollo de Perú a través del voluntariado. Actualmente, una veintena de voluntarios trabajan para sacar adelante un buen número de proyectos en diversas zonas del país. “Tenemos complejo de ONG pequeña porque estamos bastante limitados en tiempo y recursos al no trabajar con personal asalariado”, explica Begoña de Anta, una de las más antiguas voluntarias del proyecto y ex directora de Inti. Sin embargo, sus logros no son tan humildes. Entre ellos destacan la construcción de un hogar para jóvenes campesinas en Lircay; ayuda económica a pobladores de Pallasniyocc para la construcción de un canal de regadío; equipamiento de talleres artesanales; envío, dos veces al año, de contenedores con ropa, juguetes, colchones, sillas de ruedas y material de higiene y escolar, entre otros, para Lima y Abancay; y la construcción de letrinas en la comunidad de Laguna Alta.
Pero hay tanto que hacer que los voluntarios siempre sienten que es poco lo que sus medios les permiten. Perú es el tercer país más grande de Sudamérica y un 60 por ciento de su territorio es selva. En 2004, su población era de 28.900.000 habitantes. La tasa de mortalidad es también una de las más altas de América Latina (43 niños de cada mil nacidos vivos) y en las poblaciones andinas el 90 por ciento vive sin agua, desagües ni luz. Los problemas de salud que amenazan con más furia a la población son el Sida, la malaria y la tuberculosis. Sin embargo, Perú no es un país pobre porque tiene recursos económicos y cuenta con un patrimonio arqueológico excepcional.
Junto a la veintena de voluntarios de Inti, que proceden de diversas zonas de Galicia y entre los que se encuentran desde estudiantes a amas de casa, informáticos y enfermeros, hay unos 300 socios que aportan ayuda económica a la ONG. Lo hacen a través de lo que denominan Amigo solidario –“no nos gusta mucho el término “apadrinar”, sino que buscamos una relación de ayuda entre iguales”, aclaran–. Este sistema consiste en que una persona ayude con su aportación económica mensual al desarrollo integral de una familia de Perú, no sólo de los niños. Esta ayuda incluye la formación en talleres, charlas educativas (prevención de enfermedades, autoestima, higiene familiar, economía familiar...), revisiones médicas periódicas, apoyo escolar y animación infantil. Estas labores las realiza un equipo peruano, único que sí recibe remuneración, compuesto por un médico, una enfermera y varios profesores y encargados de los talleres. Su sede se encuentra en el barrio de San Miguel de Lima, en una modesta casa adquirida por la ONG Inti.
Por ese hogar han pasado la mayoría de los voluntarios de la asociación y allí han vivido algunas de las experiencias más importantes de sus vidas. “El viaje a Perú marca un antes y un después en tu vida; desde ese momento te involucras de una manera diferente, mucho más intensa, en la ayuda”, describe de Anta, que ya ha pasado temporadas en el país en seis ocasiones diferentes. “Lo que más me impresiona cada vez que voy es la fuerza que tienen las mujeres para seguir adelante y superar todas las tragedias que les toca vivir: y pensar que nosotros nos ahogamos con problemas tan tontos...”, relata esta joven enfermera. Sin embargo, antes de viajar– el gasto del avión corre a cargo de los propios voluntarios– la organización les exige trabajar en Galicia, donde también hay mucho por hacer.
La clasificación del material que se enviará en los contenedores, once toneladas en cada uno de los dos envíos anuales, es una de las tareas que lleva más tiempo a los voluntarios. “Hay que recordar a la gente que las cosas que se entregan deben de estar en buen estado: no se trata de limpiar tu casa y lavar tu conciencia”, advierte la ex directora.
Algunos grupos de amigos, jóvenes y mayores, que no forman parte de una manera formal de la ONG, dedican un día a la semana a este trabajo, una ayuda que agradecen mucho los voluntarios. Sus familias también se convierten en muchas ocasiones en colaboradores circunstanciales. “Ahora mismo no tenemos un local para almacenar el material y prepararlo, así que muchos ceden sus propias casas”, aseguran.
Las campañas de sensibilización en colegios o asociaciones vecinales es otra de las tareas encomendadas a los voluntarios. “En los colegios explicamos, a través de diapositivas, cómo es la vida en un país como Perú comparada con la de un niño español”, relatan. Estas charlas han abierto nuevas ventanas a muchos niños gallegos, que desde entonces han iniciado un carteo con otros chavales que viven en Perú y han establecido relaciones de amistad, además de colaborar ayudando a la organización.
Otra fuente de financiación de Inti es la venta de piezas de artesanía peruana elaboradas en los talleres de la ONG. Una de sus exposiciones se encuentra en los locales de la parroquia viguesa de San José Obrero y Santa Rita (Vázquez Varela, 56), los jueves de 19.30 a 21.00 horas y los domingos de 12.30 a 13.30 horas.
onginti@hotmail.com es la dirección a la que pueden dirigirse todos los que quieran unirse a este proyecto.
Todos los que quieran tender una mano de Galicia a Perú.